En 1956, Carlos Dittborn 🎙️️ pronunció una frase que quedó grabada en la historia de la gestión de crisis: “Porque nada tenemos, lo haremos todo”.
No era solo un eslogan deportivo para el Mundial de 1962 ⚽; era una declaración de principios ante la carencia.
Hoy, esa filosofía de la “gestión desde la carencia” encuentra un eco necesario en la administración de justicia de la Provincia de Buenos Aires. Especialmente en el fuero penal, donde el volumen de causas crece mientras los recursos permanecen estáticos, nos vemos impulsados a aplicar un nuevo paradigma: el equipo proactivo.
¿Qué significa pasar de un modelo burocrático a uno gerencial?
Implica abandonar el rol pasivo de “esperar la causa” para asumir el de gestores activos del flujo de trabajo.
Se trata de entender que la justicia es un servicio público que debe medirse con estándares de eficiencia y calidad.
En nuestro juzgado, implementamos un “Programa de mejora continua” (validado por la SCBA) basado en tres ejes fundamentales:
👥 Gestión Horizontal: Democratizamos la información para que todo el equipo conozca los objetivos y métricas del organismo.
🎯 Foco en la persona usuaria: Implementamos encuestas de opinión y sistemas de información, entendiendo que brindamos un servicio esencial.
📈 Uso de Datos para la Toma de Decisiones: Creamos tableros de control (dashboards) para monitorear causas en tiempo real e identificar cuellos de botella antes de que se conviertan en crisis.
El futuro: Innovación más allá del heroísmo 🦸♀️
Este modelo nos ha permitido automatizar tareas y mantener la operatividad mediante el despacho electrónico y el trabajo remoto.
El próximo paso es la adopción controlada de la Inteligencia Artificial. 🤖
Sin embargo, somos conscientes de que el modelo de “hacerlo todo con poco” tiene un límite biológico.
La salud de las personas y la calidad de la justicia no pueden depender indefinidamente del heroísmo individual.
La innovación debe ser el puente hacia una justicia mejor, más humana y sostenible.
Tecnología, Justicia Terapéutica, Justicia Restaurativa, Gestión por procesos, Agilidad, Comunicación Clara: siempre con la persona usuaria en el centro.


¿Alguna vez sentiste que al leer un documento judicial te enfrentabas a un “muro de texto”? No es tu culpa, es que el cerebro humano procesa la información digital de manera muy distinta al papel.
Con el equipo del Juzgado, entendimos que, para comunicar con claridad, no bastaba con cambiar palabras difíciles; teníamos que rediseñar la estructura visual de nuestros documentos.
Para rehacer nuestros más de 600 modelos, nos basamos en tres conceptos clave del Neurolenguaje y la experiencia de usuario (UX):
👁️ 1. El Patrón en forma de «F» Estudios de eye-tracking (Jakob Nielsen) demuestran que, en pantallas, no leemos línea por línea. La mirada dibuja una “F”: escanea la parte superior horizontalmente y luego baja pegada al margen izquierdo buscando palabras clave. 👉 Nuestra solución: Colocamos los títulos y la información más relevante (como el “DECIDO”) siempre al principio y sobre el margen izquierdo, donde el ojo busca naturalmente.
🍰 2. El «Pastel de Capas» (Layer Cake) Un texto plano y monótono es ignorado por el cerebro. Kara Pernice (Nielsen Norman Group) propone el concepto de “pastel de capas”: alternar texto con elementos visuales que rompan la monotonía. 👉 Nuestra solución: Fragmentamos la información. Usamos encabezados claros, viñetas, negritas para destacar conceptos y espacios en blanco. Esto permite al lector “escanear” y decidir qué leer en profundidad.
🧠 3. Neurolenguaje y Carga Cognitiva Sabemos que la gente va directa al final de una resolución para ver qué se resolvió y luego sube a los fundamentos. 👉 Nuestra solución: Invertimos la lógica tradicional. En nuestros nuevos modelos, la decisión no está escondida al final. La estructura es: Resumen ➡️ Decisión ➡️ Fundamentos. Acompañamos el orden natural de lectura de la persona usuaria.
La verdadera innovación en la justicia no es solo digitalizar expedientes, sino entender cómo funcionan las personas que los leen.
Con el equipo nos propusimos cerrar la brecha de 200 años que separa a la justicia de la ciudadanía. Mientras el mundo evoluciona hacia una comunicación digital y multimodal, el lenguaje judicial suele permanecer estático, utilizando términos que resultan ajenos para quienes deben entender sus decisiones.
La comunicación clara no es solo una técnica de redacción, es un derecho de la ciudadanía y un pilar fundamental de la transparencia y la responsabilidad institucional.
Nuestra propuesta no es solo una elección de estilo; es el cumplimiento de compromisos internacionales y leyes vigentes que garantizan el derecho a entender y ser entendido.
Implementamos cambios estructurales en nuestra labor diaria:
· Estandarización y Modernización: Aprovechamos la tecnología para simplificar plantillas y formularios, eliminando el lenguaje hermético que genera desigualdad.
· Adiós a los Arcaísmos: Eliminamos términos o expresiones en latín. Si la resolución busca ser comprendida, debe ser clara y concisa.
· Estructura centrada en la persona usuaria: Nuestras resoluciones ahora cuentan con títulos claros como “Resumen” y “Decido”, permitiendo que lo más importante sea visible de forma directa. Aplicamos las 100 Reglas de Brasilia, adaptando el entorno y el lenguaje para personas en condición de vulnerabilidad, asegurando que comprendan el alcance de cada actuación judicial.
· Trato digno y humano: Promovemos una escucha activa y un trato despojado de jerarquías obsoletas. Ya no usamos “Vuestra Señoría” o “Vuestra Excelencia”; preferimos el trato cordial, neutral y respetuoso. llamamos a las personas por su nombre.
· Multimodalidad y Accesibilidad: Reconocemos que en el siglo 21 la información se consume de forma fragmentada. Por eso, integramos diseño amigable, textos planos para personas con visión disminuida y el uso de canales directos de comunicación.
· Precisión: utilizamos fechas exactas y cifras en lugar de letras para mayor claridad.
· Lenguaje Inclusivo y No Sexista: Adoptamos estrategias para evitar prejuicios y estereotipos, garantizando que todas las personas se sientan visibilizadas en el proceso judicial.
El lenguaje claro no implica simplificar el contenido técnico ni perder rigor jurídico; se trata de simplificar su expresión para que la justicia sea, finalmente, accesible para todas las personas.
Como bien señala Azorín: “No basta con hacerse entender; es necesario aspirar a no poder dejar de ser entendido”.
La legitimidad de nuestra función depende de la claridad y calidad de nuestras resoluciones. Seguimos trabajando para que el acceso a la justicia sea real, transparente y, sobre todo, comprensible.
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